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domingo, 26 de agosto de 2012

APEGO DEL NIÑO A LA MADRE

 
El vínculo del apego supone el lazo afectivo más fuerte que establecemos los seres humanos con nuestros iguales, La seguridad, el apoyo, produciendo placer cuando se llevan a cabo interacciones y buscando la cercanía de la persona con quien se siente apego en momentos de ansiedad e inseguridad. El “contar con”, el no sentirse en soledad, son emociones positivas que se vivencian gracias al establecimiento del apego. Junto con la búsqueda de una red de relaciones sociales y la necesidad de mantener una actividad sexual vinculada al deseo y enamoramiento, suponen las necesidades más importantes, subjetivamente, que favorecen y fomentan la supervivencia, no sólo del individuo sino de la especie.
Las características funcionales más importantes asociadas al apego son:
  • intentos por mantener la proximidad con la persona con la que se siente apego
  • relaciones más eficaces del bebé con el entorno gracias a la seguridad intrínseca del apego
  • refugio en los momentos de tristeza, ansiedad, temor...
  • contacto sensorial privilegiado y ansiedad ante la separación
Resumiendo, la característica más sobresaliente es la tendencia a lograr y mantener un cierto grado de proximidad al objeto del apego que permita tener un contacto físico en algunas circunstancias y a comunicarse a cierta distancia en otras.
 
Teorías del apego
TEORÍAS CONDUCTISTAS
Modelo de reducción del impulso
Considera que las conductas de dependencia que el bebé tiene con su madre son debidas fundamentalmente a un impulso secundario aprendido como consecuencia de una asociación repetida entre la presencia y la satisfacción que le produce al niño saciar su hambre. Pero, aunque los bebés muestran preferencia por sus madres, también expresan un lazo afectivo muy especial con el resto de familiares a pesar de no formar parte activa en las actividades de alimentación.
 
Modelo de condicionamiento operante
Los niños miran, sonríen y buscan la proximidad de sus madres debido a la respuesta que reciben por parte de sus progenitoras, puesto que éstas al devolver las miradas, sonrisas y abrazos a sus hijos, les implican en una positiva interacción social.
  • Los modelos conductistas no explican por qué y de qué manera los lazos establecidos en la infancia perduran a través del ciclo vital, incluso cuando la figura del apego está ausente y no satisface los impulsos primarios ni proporciona refuerzo social.
HIPÓTESIS PROPUESTAS POR LOS PSICOANALISTAS
La calidad de la interacción madre-hijo produce un efecto crucial en el desarrollo posterior de la personalidad del sujeto y la seguridad emocional necesaria para la exploración externa, así como un dominio cognitivo.
Freud (fundador de la ciencia indiscreta), opina que el niño se apega a la madre porque le alimenta y, además, estimula sus zonas erógenas. Posteriormente, manifestaría que las bases filogenéticas predominan en el camino que sigue el desarrollo infantil, independientemente de que el niño haya mamado o tomado biberón, aunque no haya gozado de la ternura materna.
Anna Freud defiende la teoría del impulso secundario con matices. El potencial del apego siempre se halla presente en el niño y cuando siente la carencia de un objeto, rápidamente se fijará en otro, por lo que puede considerarse independiente de lo que el niño recibe, manifestándose de manera instintual.
M. Klein resalta la importancia del componente no oral de la relación que se origina en el deseo primario de regreso al vientre materno.
Spitz, adherido a la teoría del impulso secundario, defiende que las auténticas relaciones objetales surgen de la necesidad de alimento.
 
TEORÍA ETOLÓGICA DE BOWLBY
Se inspiró en los estudios de impronta, fenómeno gracias al que las crías consiguen ser alimentadas y al mismo tiempo se protegen de sus depredadores. De ella se deriva el concepto teórico de “periodo crítico”, tiempo limitado de la vida en el que el organismo está biológicamente preparado para adquirir ciertas conductas siempre que reciba una estimulación apropiada del medio ambiente.
Defiende que las tendencias innatas del bebé hacen que los adultos estén cerca para ayudarles a sobrevivir y que los adultos están preparados evolutivamente para responder a esas demandas.
Reitera el principio fundamental de la etología clásica que propugna que el establecimiento de un fuerte vínculo madre-niño es vital para la supervivencia del bebé. El vínculo del apego se desarrolla fácilmente durante un periodo crítico o sensible, que si se deja pasar, puede llegarse a la imposibilidad de formar una verdadera relación íntima y emocional.
La aplicación de este modelo al desarrollo infantil comienza en 1969, al observar los problemas para formar y mantener relaciones cercanas presentados por niños criados en instituciones.
 
EL DESARROLLO DEL APEGO
Este vínculo tarda unos meses en aparecer, al conllevar una compleja mezcla de conductas entre la madre y su hijo, adquiriendo múltiples formas. Para Bowlby atraviesa cuatro etapas:
Fase de preapego: desde el nacimiento hasta las seis primeras semanas. Son reflejos determinados genéticamente que tienen un gran valor para la supervivencia. El niño acepta a cualquier ser humano que le proporcione comodidad. Prefiere la voz de su madre a la de cualquier otro adulto, aunque no muestra apego propiamente dicho.
 
Fase de formación del apego: de las seis semanas a los seis-ocho meses. El niño orienta su conducta y responde a su madre de forma más clara, siguiéndola con la mirada más que a las otras personas. La ansiedad se produce cuando al niño se le separa de los seres humanos, pero no especialmente en ausencia de la madre.
 
Fase del apego propiamente dicho: de los seis-ocho a los dieciocho-veinticuatro meses. Vínculo afectivo muy fuerte con la madre, enfado y ansiedad cuando ella desaparece. La mayor parte de las acciones del niño tienen el objeto de atraer la atención y una mayor presencia de la madre.
 
Formación de relaciones recíprocas: a partir de los 18-24 meses. Aparición del lenguaje y representación mental de la madre, por lo que entiende que su ausencia no es definitiva y logra calmar su ansiedad. A partir de los tres años, el niño usa estrategias de control de la interacción con su madre.
  • El final de estas cuatro fases supone un vínculo afectivo sólido entre ambas partes, que no necesita de un contacto físico ni de una búsqueda permanente por parte del niño.
 
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Mamá, madrecita, mamita, madre o simplemente “ma”; no importa como la llamemos ella es la más encantadora de todas, la más noble, dulce y hermosa.

Todos amamos a nuestra mamá, porque nos enseñó con paciencia única, todo lo que era realmente importante aprender, para salir al mundo.

Por eso, descarga unas bonitas caratulas que seran lindas portadas, para tus documentos de word; en cualquiera de las versiones de office 2003, office 2007, u office 2010. Todos tus trabajos de word, quedaran envidiables.

Si tú también  eres fanático de mama, bueno  solo por eso comparto contigo  una bonita colección de bordes para el día de la madre.

Son bordes tan lindos, que no necesitaras escribir mucho para demostrar cuanto amas a mama.



 










Este poema CONSEJO MATERNAL, siempre fue  uno de mis favoritos, te lo dejo para que le pongas un lindo borde y tambien lo puedas compartir:

Ven para acá, me dijo dulcemente

mi madre cierto día;

(aún parece que escucho en el ambiente

de su voz la celeste melodía).


Ven, y dime qué causas tan extrañas

te arrancan esa lágrima, hijo mío,

que cuelga de tus trémulas pestañas,

como gota cuajada de rocío.


Tú tienes una pena y me la ocultas.

¿No sabes que la madre más sencilla

sabe leer en el alma de sus hijos

como tú en la cartilla?


¿Quieres que te adivine lo que sientes?

Ven para acá, pilluelo,

que con un par de besos en la frente

disiparé las nubes de tu cielo.


Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije;

la causa de mis lágrimas ignoro,

pero de vez en cuando se me oprime

el corazón, y lloro.


Ella inclinó la frente, pensativa,

se turbó su pupila,

y, enjugando sus ojos y los míos,

me dijo más tranquila:

- LLama siempre a tu madre cuando sufras,

que vendrá, muerta o viva;

si está en el mundo, a compartir tus penas,

y si no, a consolarte desde arriba...


Y lo hago así cuando la suerte ruda,

como hoy, perturba de mi hogar la calma:

¡ Invoco el nombre de mi madre amada,

y, entonces, siento que se ensancha el alma !


Olegario Victor Andrade


(1839-1882)