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lunes, 7 de abril de 2014

IMPORTANCIA DEL SUEÑO EN LOS NIÑOS

La actividad diaria produce un cansancio físico y mental y, para recuperar las energías consumidas, es necesario dormir cierto número de horas cada día.
 
Cada persona necesita diferente cantidad de horas de sueño. La mayoría de los adultos duermen algo menos de ocho horas, en tanto que los ancianos necesitan menos horas. Los niños, hasta cumplir el primer año de vida, duermen unas 16 horas de cada 24; a partir de los 18 meses las pautas del sueño del niño varían, hacia los tres años dejan de dormir después de las comidas y se despiertan más temprano.
Se denomina sueño al estado de suspensión de las actividades mentales conscientes, la voluntad y la vida de relación, que se produce normalmente de forma periódica y que permite el reposo de los músculos voluntarios y, en parte, del sistema nervioso.
La regulación de los estados sueño-vigilia se lleva a cabo en algunas partes del cerebro, llamadas centros del sueño, sobre las cuales influyen numerosos estímulos nerviosos y hormonales.

El sueño supone un estado de reposo, en el cual el organismo puede recuperarse del gasto de energía surgido durante las actividades de la vigilia. El metabolismo basal, es decir, el gasto energético básico y mínimo del organismo, alcanza sus límites inferiores durante este período; el ritmo cardiaco es más lento, la presión arterial disminuye, los músculos se relajan, las inspiraciones son más prolongadas y las espiraciones más cortas.
La profundidad del sueño no es igual en toda su duración alternándose fases de sueño ligero o leve y fases de sueño profundo, que pueden distinguirse por los distintos trazados que muestra el electroencefalograma en cada una de ellas. Aproximadamente del 20 al 25 por ciento del tiempo dormido corresponde a las fases de sueño paradójico en las que se dan los sueños.
 
En general, los niños duermen cuando tienen sueño y durante el tiempo que necesitan. Cuando son pequeños no pueden inhibir el sueño ni despertarse de forma deliberada, ya que para ellos no existe el concepto de día ni de la noche.
 
Hacia el segundo año de vida es común que los niños sufran pesadillas y se despierten de forma brusca, gritando o llorando. En estos casos es importante tranquilizarlos antes de que vuelvan a dormirse.

Cuando tu mente de diga que está cansado, deja de pensar y empieza a sentir, visualiza tus metas y aferrate, aferrate, aferrate;



Aférrate a la fe porque es la fuente de la creencia de que todo es posible. Es la fibra y la fortaleza de un alma confiada.

Aférrate a la esperanza porque destierra la duda y da lugar a actitudes positivas y alegres.

Aférrate a la confianza porque se encuentra en el corazón de las relaciones fructíferas que son seguras y satisfechas.

Aférrate al amor porque es el don más preciado de la vida, porque es generoso, se preocupa y da significado a la vida.

Aférrate a la familia y a los amigos porque son las personas más importantes en tu vida y porque hacen del mundo un lugar mejor. Ellos son tus raíces y la semilla de la cual creciste, son la vida que ha crecido con el tiempo para alimentarte, ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca de ti.

Aférrate a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que te convierte en un ser singular. No menosprecies lo que sientes y lo que crees que es bueno e importante, tu corazón te habla con más fuerza que tu mente.

Aférrate a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada. No temas nunca al camino más fácil ni te rindas ante el engaño. Recuerda a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades.