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viernes, 7 de diciembre de 2012

CARATULAS NIÑOS JUGANDO

EL DESARROLLO MOTRIZ Y EL JUEGO EN EL NIÑO

En los primeros dos años de vida del niño es evidente el crecimiento rápido en lo psíquico, físico y social. El desarrollo desde el nacimiento a los dos años el niño aprende a rodar, sentarse, pararse, caminar, correr, alcanzar, ver, mirar, todo se convierte en algo que hay que explorar con todos los sentidos, cada miembro y cada órgano. El desarrollo invisible es muy sorprendente, el cerebro infantil se agranda, con neuronas que se conectan entre si.

La comida que digiere el estomago envía los nutrientes para la actividad del cerebro y el desarrollo físico que incluyen el peso, la altura y las habilidades motoras y la maduración cerebral proporciona las bases del crecimiento. También es muy importante el control medico, vacunas, nutrición, estimulación y el sueño suficiente y regular, este se reacciona con la maduración cerebral y es fundamental para el equilibrio emocional y adaptación psicológica.


En realidad todo comienza bastante antes, ya en la vida intrauterina el feto se mueve de distintas maneras. Primero están los movimientos realizados como reacción, es decir cuando algo toca cualquier parte de su cuerpo, segundo, aquellos que realiza espontáneamente, y por ultimo el movimiento toráxico, que parece ser su respiración.
Un feto es capaz de tocar distintas partes de su cuerpo con sus manos y pies, y el cordón umbilical debe tanto entrar en contacto con su cuerpo y sus miembros, realiza axial movimientos llamados reflejos que lo alejan del contacto para evitarlo por ser perjudicial, al desarrollarse pueden cambiar de sentido, como si buscara el contacto para explorarlo.
A las seis semanas las manos se encuentran muy cerca de la boca, si tocan el área que la rodea, retirara su cabeza alejándose y la abre. Más tarde la cabeza se vuelve hacia la mano, y, es posible que introduzca un dedo en la boca. A las nueve semanas la mano esta formada como para que pueda doblar sus dedos si se le toca la palma de la mano. El contacto sobre la planta del pie hace que encoja los dedos, o los extienda en forma de abanico, doblando al mismo tiempo la pierna a la altura de la rodilla y de la cadera para evitar el contacto. Se desarrollan también, movimientos que simula el andar y el gatear, como respuesta a las distintas posiciones en las que se encuentra. A las once semanas puede deglutir y comienza un círculo de circulación al tragar parte del líquido amniótico circundante y orinado después. Los movimientos de la boca pueden producir muchas expresiones faciales tales como sonrisas y risas. Cuando llega a las doce semanas puede cerrar los dedos y el pulgar. La presión sobre la base del pulgar le hará abrir la boca y mover la lengua. Con veinticinco semanas puede asir con fuerza suficiente para soportar el peso de su cuerpo.
El embrión realiza movimientos espontáneos desde la séptima semana de vida intrauterina, pero en general su mama no los sentirá hasta las dieciséis semanas. Algunos de estos movimientos mantienen unas variaciones cíclicas que pueden relacionarse con las distintas fases de sueño que el feto atraviesa dentro del útero. Se demostró que la actividad de los niños aumentaba cuando las mamas se encontraban bajo tensión emocional, si la emoción era intensa, pero corta, el aumento de la actividad era puramente transitorio, pero con las alteraciones que duraban largo tiempo aparecía un aumento prolongado de hasta diez veces el nivel normal. Sabemos que el feto es capaz de reaccionar al tacto y de realizar así movimientos espontáneos.
Los primeros movimientos que se pueden provocar en el recién nacido consisten en reflejos, es decir en acciones involuntarias desencadenadas por estímulos externos de distintos tipos. Nacido el infante tiene importancia determinar si su sistema nervioso es sano, lo cual se hace tratando de provocar en el los reflejos que cabe esperar.
En el reflejo del Moro el infante estira los brazos y los dedos de las manos, y también algo débilmente las piernas y a continuación lleva las cuatro extremidades, así como los dedos a una postura de flexión contra el cuerpo. El reflejo del Moro se advierte el efecto ya a la novena semana y siempre existe en los infantes durante los tres primeros meses de vida. Si persiste mucho más del noveno mes de vida puede sugerir la existencia de retardo. Otro reflejo es el Tónico Cervical de las extremidades. Si se hace girar el cuello del infante, el estiramiento de los músculos cervicales provoca que las extremidades del lado opuesto se flexionen. Este reflejo se observa casi siempre en los bebes prematuros y durante la primera semana de vida. Otro es el reflejo de prension palmar y plantar, tocar las palmas de las manos así como la parte delantera del lado inferior de los dedos de los pies tiende a causar la flexión, respectivamente de las manos y los pies. El movimiento de ojos de muñeca se da cuando se inclina hacia delante la cabeza del bebe, sus ojos tienden a mirar hacia arriba. Si la cabeza es mantenida hacia atrás los ojos miraran hacia el mentón. Este reflejo se advierte casi siempre en el infante prematuro y es el normal durante el primer día de vida. Hacia el fin de la segunda semana de vida puede observarse el reflejo de marcha en el que muchos infantes caminan si se lo sostiene en posición vertical, de tal manera que sus pies puedan tocar una superficie horizontal plana. Este reflejo tiende a desaparecer, y alrededor del quinto mes ya no se lo advierte. El reflejo de gateo puede observarse si se pone al infante boca abajo sobre una superficie y aplica presión a la planta de uno u otro pie alternativamente, el bebe responderá con una pauta de gateo ejecutada con sus extremidades superiores e inferiores, este reflejo se advierte desde el nacimiento hasta el tercer y cuarto mes. Uno de los reflejos mas interesantes que se advierten en el bebe consiste en los movimientos de natación que ejecuta si se los mantiene en agua o por encima de esta, habitualmente estos movimientos desaparecen hacia el quinto mes de edad. Además de estos reflejos, los recién nacidos presentan uno similar a la ascensión vertical, que se da a fines del primer año de vida y comienzos del segundo.
No se conoce con claridad la índole exacta de la interacción entre los reflejos y los movimientos voluntarios incipientes, pero es necesario que desaparezcan los primeros para que se den los segundos.
Hay distintos tipos de locomoción independiente en el infante, la época que aparecen varia según el infante y su duración depende de factores tanto ambientales como relativos a la maduración.
El infante empieza a arrastrarse cuando se lo ha dejado permanecer tendido sobre el pecho durante periodos largos y es probable que realice las primeras tentativas de arrastrarse utilizando los brazos como elemento de tracción. Por lo general en las primeras tentativas no intervienen las piernas. Por lo común empieza a arrastrarse entre el cuarto y el duodécimo mes, la duración de esta etapa es muy variable. A partir de la actividad de arrastrarse se desarrolla el gateo. Las primeras tentativas por sostenerse sobre los miembros conducen a una postura de codos flexionados, con los pies recogidos debajo de las caderas. En una primera etapa el bebe solo mueve un miembro por vez y en una segunda etapa siempre mueve las extremidades contra laterales en la misma dirección y al mismo tiempo. Algunos desarrollan el método poco usual de deslizarse hacia delante en posición sentada, utilizando los talones para ejercer tracción. La posición vertical generalmente se empieza a asumir desde la posición supina. Alrededor del cuarto o quinto mes de vida a aprendido a darse vuelta. Las primeras tentativas por darse vuelta se pueden explicar por un encadenamiento de varios reflejos el infante al ser atraído por un objeto que se mueve lo sigue con los ojos y la cabeza. Esto provoca el reflejo de enderezamiento del cuerpo o de la cabeza y de esta manera se consuma la vuelta del cuerpo. Alrededor del séptimo mes, el infante efectúa intentos de sentarse durante lapsos cada vez más largos y puede que en el décimo mes logre sentarse.
Una vez adoptada la posición sentada, la siguiente tentativa será por ganar a vertical, lo cual dependerá de la presencia de refuerzos sociales tales como oportunidades de asirse de muebles. El infante puede empezar a caminar con apoyo constante de las manos. Entre el duodécimo y el décimo quito mes el niño será capaz de pasar sin ayuda a la posición de espaldas a la de pie. Después de alcanzar la posición vertical, entre el décimo y decimoquinto mes empieza a moverse lateralmente por la periferia de las cosas de las que puede tomarse de las manos, los primeros intentos por caminar hacia delante pueden ser frustrados por la excitación y el niño caer al suelo. Las primeras tentativas por dar pasos en la posición vertical se caracterizan por la amplia apertura de las piernas, que le ofrecen así mayor base de sustentación: los pies e vuelven hacia fuera y las rodillas se flexionan directamente. Los primeros pasos del infante no son regulares, ni acompañados por movimientos de los brazos.
Jugando con un bebé de 0 a 6 meses
En estos primeros tiempos los bebés son sostenidos por los brazos de sus padres y en este vínculo, es donde empiezan a aparecer los primeros juegos. El cuerpito del bebé es accionado todo el tiempo por la persona que lo cuida (sea su madre, padre u otro quien cumpla la función), proveyéndole todas sus necesidades básicas. Quizás aquí comienzan las primeras marcas importantes en el cuerpo del bebé: la manera de ser sostenido, la calidez del abrazo, la seguridad de esos brazos, el mecerse en determinados momentos, el acompañamiento en los momentos de cólicos, las primeras sonrisas, las caricias, el amor y las canciones que acompañan el momento del baño.....
En todas estas acciones, a medida que la pareja de padres se va relajando y va sintiendo que lo que están haciendo está bien, y comienzan a disfrutar del placer de la paternidad, pueden aparecer los primeros juegos. Estos son los juegos por excelencia de los primeros meses. El primer objeto de juego que tienen los bebés es su propio cuerpo. Se chupan las manos, tratan de llevarse los pies a la boca, etc.Surgen por ejemplo, los juegos de manitos. Existen muchísimas canciones y cada madre o padre debe hacer uso de su memoria y cantar las que conoce de su propia infancia, que no son tan distintas de las de hoy. También existen los cuneros o sonajeros que al moverse tienen una musiquita y a ellos les gusta mucho seguirlos por el movimiento o por la música misma. Lo más importante es la actitud y la disponibilidad que pueden ofrecer los padres para encontrar el placer en el vínculo entre ellos y su bebé. Con un objeto o simplemente con el cuerpo, se pueden crear las bases para asegurar un camino de placer.
  • De 0 a 1 mes
Durante el primer mes de vida, el bebé ocupa la mayor parte de su tiempo durmiendo. Se encuentra, fundamentalmente, entregado a la tarea de adaptarse a la vida extrauterina intentando mantener el equilibrio de su cuerpo que tan a menudo pierde a través del llanto, del hambre, del sueño, del malestar. Depende para ello, en absoluto, de su madre. Durante estas primeras semanas no se puede considerar aún que el niño juegue, más bien, el bebé "es jugado" por otros. Los papás comienzan a advertir que hay determinados juegos que estimulan a su hijo pues son acordes a sus logros evolutivos. El bebé de cuatro semanas posee movimientos corporales involuntarios y reflejos, no pudiendo aún sostener su cabeza. Sus puños permanecen todo el tiempo cerrados. Puede fijar la mirada en un estímulo visual por unos segundos y buscar con ella una fuente de sonido. Así, por ejemplo, jugar a mecer al niño con determinado ritmo, cantarle suavemente para que se oriente hacia la voz, colocar algún objeto móvil de color llamativo para que fije su mirada en él, intentar sentarlo tomándolo de las manos para que vayan fortaleciendo los músculos de su cabeza, son juegos de gran beneficio e importancia vital para el niño pues el contacto con él dará lugar al desarrollo del apego y de la conducta social. En consecuencia, los juegos de mayor importancia a partir de este primer momento de la vida y durante todo el primer año del niño, serán los que podríamos llamar "juegos piel a piel" ya que el bebé necesitará tiempo para elaborar la separación del útero materno. 
  • De 2 a 4 meses 
A partir del segundo mes de vida y hasta el año y medio, el niño comenzará a desarrollar un juego que puede llamarse "juego funcional" o "juego de ejercicio" y que tiene por finalidad la repetición de determinada acción "una y otra vez" por el placer que se desprende de la acción misma y también por el placer que le otorga al niño el poder que ha logrado sobre una adquisición. Veamos, entonces, cómo varía con el desarrollo este tipo de juego.
Entre los dos y los cuatro meses, el proceso madurativo y la interacción del niño con quienes lo estimulan afectivamente, ubican al bebé en relación con sus nuevos logros: el sostén cefálico le permite fijar la mirada y relacionase por primera vez con el rostro de la madre a quien aún no reconoce como tal. Ello dará lugar a una respuesta novedosa, la sonrisa social. Alrededor de los tres meses será capaz, también, de juntar sus manos y llevarlas a la boca. En esta etapa el bebé aprende que hay movimientos corporales que le producen gran placer y jugará a repetirlos una y otra vez. Así, los movimientos de manos y pies de manera reiterada, el seguimiento visual de objetos en movimiento, el chupeteo de sus manos y de otros objetos que se lleva a la boca, la reiteración de sonidos vocales, serán los juegos corporales por excelencia. Los padres suelen jugar en esta etapa mirando al niño a los ojos, acariciándolo, conversando con él, reiterando los sonidos que emite, tomando sus manos para que el bebé las mire y las lleve a la boca. También le acercan objetos para que el niño tome con sus manos e intente chupar. Los móviles y sonajeros son juguetes que estimulan y acompañan el juego del niño.
  • De 4 a 8 meses
De los cuatro a los ocho meses de vida los progresos en el desarrollo han sido notables. El bebé comenzará a redescubrir el mundo ya que logra erguirse en sus miembros superiores, girar alternadamente su cabeza hacia ambos costados y rolar con su cuerpo en el espacio. Hacia el quinto mes aprenderá a tomar los objetos voluntariamente con sus manos y en el sexto mes habrá adquirido la posibilidad de permanecer sentado sin ayuda. El autoconocimiento de su cuerpo se amplía significativamente ya que puede llevarse a la boca no sólo las manos sino también los pies. Los papás se sienten tentados en esta etapa a colocar al niño frente al espejo por lo cual sentirá gran júbilo aunque todavía no reconozca que esa imagen le pertenece. El bebé logra imitar los juegos de mover las manos que le proponen sus papás u otros juegos de gestos y sonidos. Los juegos con el lenguaje también toman relevancia pues el bebé comenzará a balbucear, es decir, a repetir series de consonantes y vocales que utilizará para jugar y para comunicarse. En esta etapa el juego del niño también consistirá en el ejercicio de su movimiento, pero a diferencia de la etapa anterior, su juego ha incorporado los objetos. Jugará, entonces, a agitar, golpear, frotar, arrojar sus juguetes. Hará sonar una y otra vez un sonajero u otro objeto que casualmente ha aparecido en su mano aunque todavía no busque el objeto para ese fin. Ahora los papás podrán ofertarle nuevos juguetes atractivos que pueda llevar a la boca, cintas de colores, cascabeles, papeles para rasgar, arrugar y hacer sonido, etc., e incluso podrán jugar a que el niño pueda tomarlos por sí mismo. Es en esta etapa cuando comienza a producirse una "suave diferenciación" de su mamá, cuyo rostro explorará táctil y visualmente comenzando a distinguir los rostros familiares de los que no los son. Es importante reconocer en esta etapa cómo los objetos ingresan en el espacio de separación y diferenciación que lentamente comienza a abrirse entre el bebé y su mamá. 
  • De 8 a 12 meses 
La etapa que va desde los 8 meses a los 12 meses de vida, marca una notable diferencia respecto del grado de expansión y mayor autonomía que logra el niño para la conquista del mundo. El bebé comenzará gateando (aunque no todos atraviesen esta etapa), luego podrá mantenerse parado y finalmente alcanzará el logro más importante del primer año de vida, es decir, comenzará a caminar. Esto hará que logre la diferenciación corporal de su mamá y, en consecuencia, podrá advertir con facilidad a los conocidos de los que no lo son. Es el momento "tan conocido" por los padres como la angustia del octavo mes. El niño jugará a alejarse de la madre pero teniéndola siempre como "base de operaciones", volviendo a ella para reabastecerse afectivamente.    

En esta etapa el niño perfecciona todos los logros de las etapas anteriores. Conseguirá, también, tomar objetos pequeños con el índice y el pulgar. Jugará repitiendo todo aquello que le resulte interesante. Por ejemplo, mete un juguete adentro de otro y lo saca, o bien, golpea un objeto contra otro por largos períodos de tiempo. Los juegos de lenguaje también se complejizan ya que el niño comienza a comprender algunas órdenes sencillas como "dame", "vení", "tomá", etc. La imitación y la búsqueda de objetos se han desarrollado. Los papás pueden ahora jugar a esconder un juguete delante de la vista del bebé ya que éste intentará buscarlo activamente. Jugar a las escondidas con la sábana o tirar un juguete para que se lo alcancen son juegos cruciales para el niño en esta etapa y nos indican los nuevos recursos con los que cuenta para elaborar la aparición y desaparición de su mamá. El bebé juega, entonces, a perder y reencontrar, a desaparecer y reaparecer. 
  • De 12 a 18 meses
De los 12 a los 18 meses el niño se muestra como un explorador sumamente activo en su entorno y con una gran necesidad de investigación de sus habilidades y también de todo lo que lo rodea. El juego exploratorio del niño se repetirá también incesantemente pero no sólo para afianzar lo que ha conquistado sino para obtener resultados nuevos. Si tuviéramos que definir la conducta del niño en esta etapa diríamos que se comporta como un "pequeño científico". El interés por su cuerpo continúa acrecentándose para recaer en todos los orificios corporales. Su juego exploratorio consiste en meter sus deditos en los ojos, los oídos, las bocas. Su interés por los agujeros corporales se desplaza, a su vez, a los objetos. Es cuando el niño queda atrapado observando y experimentando con las rejillas, los caños, las cerraduras... Descubre en este tiempo que hay objetos huecos que pueden contener otros adentro más pequeños y se interesa mucho en ello. En esta etapa los papás pueden ofrecerle bolsas o recipientes que contengan dentro otros juguetes para que su hijo juegue a "meter y sacar", juego que inaugura el futuro "dar y recibir". Su inquietud por saber qué hay dentro de su cuerpo y, en consecuencia, dentro de los objetos, hacen que sea muy destructivo y rompa sus juguetes por el sólo hecho de "ver".          

Las habilidades motoras que el niño ha adquirido hacen que disfrute inmensamente de ellas y de todos los juegos que las favorezcan y estimulen. Así, los juegos de las plazas le resultan sumamente atractivos aunque para los padres también represente una fuente de peligro porque advierten la enorme distancia que existe entre lo que el niño desea y lo que realmente puede. La experiencia de "jugar en la plaza" le ofrece algo más: el encuentro con otros niños. Su interés recae también sobre sus pares aunque todavía no sepa jugar con ellos pues se encuentra, aún, en la ardua tarea de reconocer el cuerpo propio como diferente del de los otros, elaborando el inmenso duelo que implica saperse, cada vez más, separado de su mamá. El encuentro con otros niños le servirá para observarlos, ver qué hacen, y tomar elementos para continuar la tarea de elaborar lo que ha emprendido. 
  • De 18 a 24 meses
Entre los 18 meses y los 2 años el niño ha aprendido a subir y bajar escaleras, caminar para atrás, manipular con destreza objetos pequeños, hacer torres, abotonar y desabotonar... En esta etapa los papás juegan con su hijo a lanzar, atrapar una pelota, ofrecerle prendas con botones o lápiz y papel para dibujar. La curiosidad infantil sobre el cuerpo se acentúa y se centra, ahora, en los contenidos de su cuerpo: la orina y las heces. Los juegos con arena, arcilla, tierra, son sus preferidos pues representan sus productos corporales. Es en este momento cuando el niño comienza a desarrollar el juego de trasvasar, es decir, de hacer pasar el contenido de un recipiente a otro. Su juego tiene un enorme sentido: el niño se prepara para poder ofrecer a voluntad lo que sale de su cuerpo. Será el momento en que está disponiéndose para el control de esfínteres.
El niño continúa en esta etapa con un interés creciente con relación a poder jugar con otros nenes, pero el juego continúa siendo paralelo. Juegan unos al lado de los otros pero sin poder compartir.
El final de esta etapa hereda un hito crucial en el desarrollo: la adquisición del lenguaje. Será entonces cuando el niño pueda no sólo ejercitar sobre su cuerpo con el empeñoso afán de conocerlo y construirlo, sino que también podrá representarlo mentalmente. Con esta importantísima adquisición culminará el "puro juego de ejercicio" (que no desaparece sino que será retomado en las etapas siguientes) para dar comienzo al "juego simbólico" o "juego de ficción". El niño podrá jugar entonces, no sólo "con" los juguetes, sino "recreando" los juguetes. A partir de este momento el niño jugará, no porque tiene juguetes, sino "porque los inventa". Por ejemplo, al agarrar una taza vacía hará "como si tomase agua" y luego la entregará al adulto para que haga lo mismo. Desde ya, lo está invitando a jugar...
LOS ATRIBUTOS MOTORES GRUESOS EN LA EDAD PREESCOLAR
Estos años representan un periodo de experimentación por parte de los pequeños. Durante este periodo los niños empiezan a manifestar varias asimetrías en su manera de moverse. Se torna aparente la preferencia por una mano, y también la preferencia por un oído o por un ojo. En general los primeros cinco años de vida constituyen un periodo de acentuados cambios. El infante comienza a cobrar las dimensiones físicas de un niño, se torna independiente en varias tareas que conciernen su propio cuidado. El que daba sus primeros pasos en forma circular, ahora corre en forma más lineal. El niño de cuatro a cinco años sustituye a menudo el movimiento por el pensamiento. Al mismo tiempo, se torna maduro como para ir a la escuela y aprender a leer y a escribir.
La mayoría de los autores sostiene que la preferencia por una mano aparece en una edad bastante temprana y se pone de manifiesto cuando el infante comienza a golpear objetos durante el tercer y cuarto mes. La mayoría de los especialistas considera que la preferencia por una mano es tanto heredada como, aunque en menor grado, moldeada por la cultura a medida que el niño madura. A medida que aumenta la eficiencia de la marcha, los niños empiezan a caminar con las pernas menos separadas y en forma más rítmica. El niño de dos años necesita vigilar visualmente su marcha y continuamente observa la colocación de sus pies de modo que pueda superar los obstáculos que se encuentran en su camino. Ya l a los tres años camina sin necesidad de observar con cuidado sus pies en movimiento. A medida que el equilibrio del niño mejora su marcha se torna más eficiente. El braceo se integra al ritmo alternado de colocación de los pies, asimismo aumenta la fortaleza de las piernas y la capacidad para atiesar las rodillas durante la face de afianzamiento del ciclo de marcha. Hacia mediados del segundo año adquieren la capacidad de marchar de costado y algo mas tarde, acaso opten de vez en cuando por marchar hacia atrás. Puede que el niño cuando empieza a adquirir la marcha camine en puntas de pie, pero no es común que lo hagan hasta mediados del segundo año.

Con frecuencia se advierte que niños de dieciocho meses marchan de maneras un tanto apresuradas que se asemeja a la carrera, sin embargo no se trata en realidad de esta, porque la fuerza de sus piernas, así como su capacidad de equilibrio todavía no les permite levantar ambos pies del suelo al mismo tiempo. Entre los dos y tres años, los niños denotan capacidad para la carrera, pero por lo general carecen de la habilidad necesaria para arrancar y detenerse en poco tiempo. Alrededor de los cuatro y medio o cinco años la capacidad para la carrera se acentúa notablemente y el niño presenta un eficiente movimiento alternado de los brazos. Alrededor de los cinco años, el niño puede correr a razonable velocidad.
Tal como sus primeras tentativas por correr, los niños pequeños cuando empiezan a intentar el salto, mantienen uno de sus pies en contacto con el suelo. Cuando tienen alrededor de dieciocho meses se los suele ver superar el esta forma obstáculos pequeños. Poco tiempo después, saltan impulsándose con un solo pie y permanecen por un breve lapso suspendidos en el aire. Alrededor de los dos años, el niño salta impulsándose con ambos pies, acción que inicialmente es acompañada por una retracción de los brazos hacia atrás. El salto sobre barreras se presenta después que el niño empieza a saltar desde alturas bajas.
En cuanto al equilibrio los niños adquieren la capacidad de marchar sobre líneas con bastante exactitud a una edad notablemente temprana. La capacidad para marchar sobre un trayecto razonablemente recto se alcanza alrededor de los tres años.
La conducta de trepa se advierte en infantes que incapaces todavía de caminar gatean escaleras arriba allí donde pueden hacerlo. Cuando los infantes aprenden a caminar, habitualmente aprenden a subir escaleras sin alternar los pies y, si encuentran apoyo en un pasamano o en un adulto, lo hacen en posición vertical. Al promediar el tercer año empiezan a alternar sus pasos y a poner un pie en cada peldaño. Hacia fines del cuarto año y a principios del quinto, si se les presta ayuda y no les falta coraje, intentaran bajar las escaleras.

Importancia del juego en la infancia
El juego es una actividad, además de placentera, necesaria para el desarrollo cognitivo (intelectual) y afectivo (emocional) del niño. El juego espontáneo y libre favorece la maduración y el pensamiento creativo. Los niños tienen pocas ocasiones para jugar libremente. A veces, consideramos que "jugar por jugar" es una perdida de tiempo y que sería más rentable aprovechar todas las ocasiones para aprender algo útil. Por medio del juego, los niños empiezan a comprender cómo funcionan las cosas, lo que puede o no puede hacerse con ellas, descubren que existen reglas de causalidad, de probabilidad y de conducta que deben aceptarse si quieren que los demás jueguen con ellos.
Los juegos de los niños deberían considerarse como sus actos más serios. El juego espontáneo está lleno de significado porque surge con motivo de procesos internos que aunque nosotros no entendamos debemos respetar. Si se desea conocer a los niños -su mundo consciente e inconsciente- es necesario comprender sus juegos; observando éstos descubrimos sus adquisiciones evolutivas, sus inquietudes, sus miedos, aquellas necesidades y deseos que no pueden expresar con palabras y que encuentran salida a través del juego.
Juego y realidad: valor del juego simbólico (juego de ficción)
Los tipos de juegos de los niños muestran su evolución:
- Juegos funcionales, juegos de acción, de sensaciones y movimientos, en la etapa de las adquisiciones sensorio motrices.        
- Juegos de ficción, juegos simbólicos o de representación, en las etapas del pensamiento preoperatorio y de las operaciones concretas.          
- Juegos reglados y estructurados, deporte, juegos de competición, propios de la etapa del pensamiento formal y de la concentración. El juego simbólico o de ficción es el juego infantil por excelencia. Obligado a adaptarse a un mundo social adulto y a una realidad física que aún no comprende, el niño necesita inventarse su propio mundo a partir de aquello que vive, pero traduciéndolo a un lenguaje simbólico, personal, con el que adaptar ese mundo externo a sus necesidades. Por medio del juego de ficción el niño asimila poco a poco ese mundo externo, lo elabora y se adapta a él en un proceso continuo de maduración.
Juego y desarrollo intelectual
Los niños empiezan a usar símbolos desde el segundo año de vida (por ejemplo, al señalar un perro diciendo "guau" o al hacer como si bebiera de una taza), repitiendo actuaciones que han visto en adultos, representando sucesos que han vivido o imitando el funcionamiento de determinados objetos. Es la imitación diferida. En ese imitar del niño se produce la asimilación de las situaciones y relaciones que observa en el mundo que le rodea. Parte de modelos concretos para, más adelante, llegar a la concentración. La función simbólica es una meta representación común al juego y a otras actividades humanas como el lenguaje. Cuando falla la adquisición y utilización de la función simbólica (en la afasia, en el autismo, en la deficiencia mental...) se advierte la importancia de la misma en la maduración personal y la necesidad de potenciar en la infancia la práctica del juego espontáneo para que puedan lograrse los niveles adecuados en cada etapa evolutiva.
Juego y personalidad
A veces, determinadas dificultades, que quizá parecen insuperables para el niño, pueden hacerse frente por medio de los juegos, siempre que se aborden a su modo y planteando de uno en uno los aspectos del problema Los celos por el nacimiento de un nuevo hermano, por ejemplo, es un tipo común de conflicto, que suele aparecer enmascarado en los juegos como reacción a procesos internos que el mismo niño desconoce, pero que le ayudarán a aceptar esa realidad, al representarse el problema de una forma nueva y grata para él, como cuando trata a su muñeco del mismo modo que él quiere ser tratado o cuando reacciona en su juego como querría haberlo hecho en la realidad. En el juego se da una adaptación entre lo imaginable (todo es posible) y lo permitido (reglas de conducta), en la que el niño tiene tiempo de aprender lo que es factible y correcto mientras permite una salida airosa a sus impulsos.
En síntesis, el juego...
...es una actividad imprescindible para el niño. El juego es necesario para el desarrollo intelectual, emocional y social.            
- Permite tres funciones básicas de la maduración psíquica: la asimilación, comprensión y adaptación de la realidad externa.          
- Exige ofrecer al niño el tiempo y los medios favorables para que lo pueda realizar a su modo.
- Favorece las adquisiciones sociales tempranas, las habilidades de comunicación social. Es una preparación para la vida adulta.     
- Como conducta exploratoria, impulsa la creación de campos de acción y la creatividad.
- Tiene un sentido para el niño. Cuando se le interrumpe cualquier juego, se le priva del desenlace de un argumento creado por él mismo con una finalidad que no siempre alcanzamos a comprender.
Jugar es la actividad central en la vida de los niños. Cuando los chicos juegan, construyen su mundo y se construyen a sí mismos.
La actividad más importante que hacen los niños es sin duda alguna... jugar. Esta valoración del juego infantil es el punto de llegada de una larga historia en la que no era considerado en su vital jerarquía. Más bien, durante la edad antigua e incluso la edad media, el jugar infantil era apreciado literalmente como pérdida de tiempo. Desde ya que tal consideración va de la mano de la idea que los adultos tenían acerca de lo que es un niño. La visión social del pequeño adulto entrañaba que ser grande era el modelo ideal al que se debía tender; en consecuencia, un niño no era más que un proyecto inacabado de aquel que llegaría a ser algún día. La expectativa de los adultos era que lograra imitar lo antes posible su propio modelo.
Es en el siglo pasado cuando aparecen diferentes corrientes teóricas que modifican la visión adulto-céntrica del niño. Comienza a ser mirado en su rol activo de procesamiento de los estímulos que le vienen de afuera. El niño deja de ocupar en la mirada del adulto un lugar de pasividad. El juego infantil adquiere también otro rango aunque desde el sentido común se lo siga comprendiendo como una actividad placentera pero improductiva. Nada más lejos de tal apreciación. El niño encuentra en el juego el modo más propio de expresar lo que piensa y siente en el encuentro con el mundo. Es, a su vez, una experiencia que le permite comprender, elaborar situaciones vividas con el mínimo esfuerzo, sin consecuencias en la realidad y con toda la eficacia transformadora en su mundo emocional y cognitivo.
Es posiblemente en función de esta idea, o quizás de la observación más simple, que se adjudique a los niños el juego como algo innato. Suele decirse... "los niños juegan porque son niños... porque sí". Se estrecha entre la infancia y el juego una relación natural. Sin embargo, no todos los niños juegan. No todos alcanzan esta experiencia. Los profesionales de la salud lo saben muy bien y por ello los pediatras, los psicopedagogos, los psicólogos, etc., incluyen en la consulta la pregunta por el juego. Es sin duda un indicador de salud. Si un niño no juega debemos preguntarnos seriamente qué sucede porque estaremos sobre seguro frente a alguna dificultad que puede conllevar serias consecuencias en la vida de ese niño si no se hace algo a tiempo. 
A la conquista de uno mismo
El juego es una conquista en el duro camino de la independencia. No es algo natural que el niño hace por ser niño. Ha implicado para él un trabajo enorme de separación subjetiva, psicológica y de integración en el mundo social. La tarea más importante de todo ser humano consiste en poder encontrar un lugar en el mundo. Para ello deberá atravesar primero una separación inevitable, la del nacimiento. Pero a esta primera separación biológica deberá continuar el largo camino de la separación psicológica. En ese espacio potencial que se abre y se amplía progresivamente entre el niño y su madre, ingresa la cultura. El juego, así también como el lenguaje, la imitación y el dibujo serán la manifestación más directa del progreso simbólico en el niño, es decir, de poder representar la ausencia, primero de su madre y luego de los otros seres y objetos significativos para él. Ya no necesitará ver o tomar los objetos para saber de su existencia. Podrá nombrarlos, representarlos, dibujarlos, es decir, podrá recrearlos en su mundo interno. Lo más importante y vital del juego es, pues, esa capacidad que se adquiere para la transformación de la realidad. Una transformación que tiene en cuenta los elementos de la realidad, que no se aparta totalmente de ella pero le imprime un modo particular de percibirla, de reconstruirla y volverla habitable. La capacidad creadora es entonces... "esa capacidad poco común... de transformar en terreno de juego el peor de los desiertos".
Jugando a ser grandes
En el terreno de juego, a su vez, es en donde el niño va adquiriendo experiencia. "Así como la personalidad de los adultos se desarrolla a través de la experiencia en el vivir, del mismo modo la de los niños se desarrolla a través de su propio juego". Freud decía que los niños juegan a ser grandes, intentan por esta vía comprender los distintos roles que los adultos asumen socialmente. Pero hay algo más... es a través del juego como los niños logran desdramatizar una realidad que puede volverse incluso intolerable. Los miedos en los niños, sus angustias nos hablan de una infancia que no es la que se sostiene míticamente en la sociedad, esa infancia dorada de los sueños, esa parcela de vida ideal que hemos perdido. Se enfrentan, como los adultos, a la dureza de la angustia que puede producirse por múltiples situaciones y por una en particular que es inevitable: saber que poco a poco deberán despegarse de esa imagen de los padres omnipotentes para comenzar en algún momento a producir en soledad. Si los niños tienen la oportunidad de desarrollar esa zona de juego que Winnicott ha denominado experiencia transicional, habrán ganado como él lo expresa, el capital más importante, "sentir que la vida vale la pena de ser vivida".
El juego y sus etapas
Los niños comienzan a jugar a muy poco tiempo de nacer, en consecuencia, las características del juego infantil irán variando en el largo y complejo transcurso del desarrollo.
El desarrollo infantil es un proceso de cambio que se da de manera gradual y continua a lo largo de la vida del niño. Esto significa que irá atravesando diferentes etapas, cada una de las cuales revelará la aparición y utilización de conductas nuevas. Su progreso depende de la interacción de cuatro aspectos fundamentales: la maduración biológica, la estimulación ambiental, la conducta activa del niño y la experiencia emocional.
  • De 3 a 5 años
Desde los 3 hasta los 5 años el niño multiplica y potencia sus posibilidades motoras, cognitivas, lingüísticas, sociales y juega con todas ellas. El control progresivo del equilibrio y el dominio de los movimientos de su cuerpo, hacen que el niño disfrute corriendo, saltando, trepando, arrastrándose, girando, bailando... Se divierte enormemente con canciones, rimas, poesías, trabalenguas, adivinanzas... Le gustan los juegos que le permiten reconocer, y aparear colores, formas, tamaños. Las letras y los números comienzan a interesarlo pues el niño los descubre en su mundo familiar y social empezando a construir muchas hipótesis en relación a estos dos objetos de conocimiento.
Podríamos considerar a esta etapa como la del apogeo del "juego simbólico". Es el tiempo en el que los niños comenzarán a armar juegos de roles que les permitan comprender mejor y elaborar lo que les sucede emocional y cognitivamente a partir de sus experiencias en el encuentro con los otros y con el mundo. Este juego irá cobrando en el tiempo distintos matices. En un principio los niños comenzarán compartiendo un mismo escenario de juego en el que cada uno jugará a ser "algún otro": un animal, el personaje de un cuento, un miembro de la familia, un dibujito de la tele... No sólo representarán los personajes corporalmente sino que también los harán hablar; pero quien ocupe el lugar de espectador podrá dar cuenta de que el libreto está muy descoordinado aún y que los niños plantean verdaderos "monólogos colectivos".
En esta etapa, el niño avanza en el conocimiento de su cuerpo centrando su curiosidad en las diferencias sexuales y el juego lo pone de manifiesto. Jugar a la mamá, al papá, a los hijos, a los novios, a los casados, es una constante. Los varones demuestran, a su vez, interés por todos los juegos en los que puedan probar su "potencia", a través del juego con autos, aviones o trenes... Es muy importante que en este momento los padres favorezcan el encuentro de su hijo con otros niños en la participación de juegos grupales.        
El progreso del juego simbólico en esta etapa se da a partir de la paulatina descentración del niño. Hacia los 5 años comenzará a tener en cuenta el rol que asumen sus pares para asumir el suyo: el niño comienza a representar su papel pero teniendo en cuenta el de los demás. De ser así, el juego del niño desemboca en un gran logro: organizar un juego compartido en relación a una regla común. Será entonces, posible el diálogo y lo que es aún más importante: comenzar a jugar en un mundo de diferencias.
7 años en adelante
De los 7 años en adelante el juego infantil que había incorporado las "reglas" hacia el final de la etapa anterior, hace que el niño comience a interesarse por un juego que se llama "juego de reglas" o "juego social". Tampoco ahora el niño abandona "para siempre" los juegos de ejercicio o los juegos de roles. De hecho, es muy común observar que los niños juegan, por ejemplo, a saltar sólo porque les gusta o bien a representar escenas dramáticas. Pero el juego de reglas cobra ímpetu debido a la construcción que el niño hace en esta etapa respecto de lo "prohibido y lo permitido". Aparece una amplia gama de juegos tales como las carreras, el poli-ladron, los juegos de mesa... El éxito de estos juegos depende de cómo todos se han ceñido a las reglas. Aparece también el interés por los deportes, ya que éstos dan a los niños dos posibilidades: organizar un juego en relación a un conjunto de normas socialmente consensuadas y al mismo tiempo, poner a prueba la fuerza y la habilidad corporal que tienen en este período y que vuelve a ocupar un lugar de interés para los niños. Los padres pueden estimular a sus hijos para su participación en alguna actividad deportiva siempre y cuando el niño también lo desee. Sin duda, la preocupación por la fuerza corporal en este período conlleva un sentido sexual, pues hacia el final de esta etapa los niños comenzarán a atravesar la pubertad. 


NOTAS:

Los niños cantan, saltan, sonríen, bailan y juegan; sobretodo juegan, recuerdas cuando jugabas??, bueno yo también, ¿por qué juegan los niños? Bueno, vivencian actividades, se perfilan hacia el futuro, mientras mas juega un niño, más preparado estará para su vida adulta.
Recrea y exterioriza sus alegrías y temores, es importante tomarte el tiempo para verlo jugar, la forma como se desenvuelva en el juego, y como coparticipe con sus pares, nos dejará claro cuales son sus fortalezas y debilidades.
Deja que el niño se ensucie, que trepe, que tenga mascotas, déjalo explorar y soñar, que invente, cree, la vida es de los soñadores, actualmente se sabe que el principal capital de una empresa, no son las maquinarias o el dinero; es el capital humano, la creatividad humana.
Nunca a reprimas a un niño soñador, ingenioso, creativo, proactivo y sobretodo preguntón, da a gracias a Dios si tienes un niño así.

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